Manteniendo la promesa de las fintech: una propuesta modesta
George Selgin indica que las fintech realmente no quieren ser bancos en el sentido tradicional y, por lo tanto, no necesitan ser reguladas como los bancos tradicionales.

Por George A. Selgin
La Reserva Federal está contemplando nuevas reglas para conceder “cuentas master” para las “fintech” —empresas que ofrecen servicios de pagos de alta tecnología pero que no califican para recibir la autorización de un banco tradicional. Las empresas con cuentas master de la Fed pueden depositar fondos en estas y moverlos de manera rápida a través de los rieles electrónicos de la Fed. Todos los bancos tradicionales tienen dichas cuentas. Pero, hasta ahora, las fintech no las tenían. La Fed puede cambiar esto. A pesar del cabildeo de los bancos que se oponen de manera organizada a esto, la Fed debería hacerlo.
La banca móvil y otras innovaciones recientes de fintech ya han mejorado de manera importante la calidad y variedad de opciones de pagos en otros lugares, especialmente para las personas que no poseen cuentas bancarias. Para fomentar un progreso similar en EE.UU., los reguladores federales y de los estados necesitan diseñar autorizaciones de “bancos” menos costosas, dirigidas especialmente a las fintechs, incluyendo una autorización Nacional de Bancos de Propósito Especial introducida por la Oficina del Contralor de la Moneda (OCC). Pero la Fed todavía no ha concedido una cuenta master a cualquier banco con dicha autorización.
Los bancos quieren dejar las cosas como están y no permitirán que cambien sin dar una batalla. El otoño pasado, le pidieron al congreso que bloquee las autorizaciones especiales de la OCC; y en marzo, el presidente de la Asociación de Banqueros Americanos Rob Nichols urgió a la Fed a cerrar “la puerta trasera para sus rieles de pagos”, diciendo que este amenazaba “la seguridad y solidez del sistema financiero, las leyes de protección al consumidor y la reputación internacional”. Un comunicado de prensa del Bank Policy Institute (BPI), que representa a los bancos más grandes de la nación, declaró que “la innovación no debería llegar a costa de la piedra angular y fundacional de la banca”.
Algunos legisladores están comprando el relato de los banqueros. El mismo título de la audiencia del 15 de abril de un Sub-comité del Congreso para Servicios Financieros —“¿Innovación bancaria o evasión de la regulación?”— nos da señales de esto. El representante Blaine Luetkemeyer (Republicano de Missouri), el líder del sub-comité, de manera decidida adoptó la postura de los bancos: “Si quiere ser un banco”, dijo, “usted necesita ser regulado como un banco”.
Pero sin importar cuán sólidos sean sus bancos, los argumentos de los banqueros no deberían ser tomados en serio. Para empezar, a los empresarios no les gustan los nuevos competidores. ¿Será que estos esfuerzos de los banqueros sean solo su versión de los intentos de los conductores de taxis de ponerle frenos a Uber, o de aquellos de los hoteles para desinflar Airbnb?
Más importante todavía, las fintech realmente no quieren ser bancos —al menos no bancos tradicionales. Estas quieren hacer cosas que los bancos tradicionales no pueden. Las fintech que no imitan a los bancos tradicionales no necesariamente necesitan ser reguladas como estos. El mantra “la misma talla para todos” es uno terrible para los reguladores. Los bancos son regulados de manera estricta porque participan en “la conversión de pasivos”, utilizando depósitos a corto plazo para financiar préstamos a un plazo más largo. Eso es riesgoso, entonces los bancos pueden sufrir grandes pérdidas. A menos que un banco esté bien capitalizado, sus depositantes no asegurados, o la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC), podrían terminar pagando los platos rotos.
Pero muchas fintech no asumen riesgos similares. Considere el Kraken Bank. A pesar de su nombre, y del hecho de que obtuvo una de las autorizaciones de “institución depositaria de propósito especial” en Wyoming en septiembre del año pasado, la empresa de criptomonedas de San Francisco no es un banco tradicional. En lugar de utilizar depósitos para financiar sus inversiones riesgosas, ofrece el intercambio de criptomonedas y servicios de custodia, generando utilidades de las tarifas que cobra. Su autorización ni siquiera le permite hacer préstamos.
Aún así los banqueros todavía no quieren que Kraken obtenga una cuenta en la Fed. En octubre del año pasado, BPI denominó a Kraken “un accidente a punto de suceder”, comparándolo con los “bancos sombra” que ayudaron a desatar la crisis financiera de 2008. Aunque Kraken no puede prestar dinero, BPI dice, todavía podría invertir en títulos corporativos y del estado, exponiéndose a sí mismo al riesgo de la tasa de interés. BPI incluso dice que, si hubiese estado funcionando en marzo de 2020, Kraken bien hubiera podido fracasar.
Para decir que esto es saltar a conclusiones es decirlo de manera delicada. El capital de Kraken, aunque es menor al de un banco, todavía protegería a sus acreedores de pérdidas. Más importante todavía es que aunque su autorización le permite invertir en algunos otros activos, Kraken planea respaldar sus depósitos totalmente con balances de la Fed. Si Kraken se mantiene en línea con su plan, no hay razón por la que la Fed debería clausurarlo. La Fed ya tiene el derecho de obligar a Kraken a ceñirse a su plan.
El caso de Kraken señala una solución sencilla, aún cuando parcial, al reto de las fintech. Permita que la OCC conceda autorizaciones a cualquier fintech que siga el ejemplo de Kraken. Permita que la Fed, a su vez, siga el ejemplo del Banco de Inglaterra en 2017, abriendo sus puertas ampliamente a este tipo de fintech ultra-seguras. Dicho compromiso facilitaría mucho que las fintechs estadounidenses ofrezcan las mismas opciones de pagos de alta tecnología que los consumidores gozan en otras partes, sin sacrificar la estabilidad financiera.
La probabilidad es que incluso esta propuesta modesta se enfrente a una firme oposición de los banqueros. Pero, en ese caso, nadie necesita preguntarse por qué.
Este artículo fue publicado originalmente en The Hill (EE.UU.) el 10 de mayo de 2021.