A favor de valores públicos liberales, en contra de la violencia callejera
Walter Olson dice que no debería ser difícil distinguir entre las reuniones pacíficas y legales que buscan promover causas políticas, por un lado y la destrucción de la propiedad, los ataques a transeúntes, los saqueos, por otro lado.

Por Walter Olson
Entre los logros de la multitud que protestó la semana pasada en el capitolio de Wisconsin en Madison se incluyen:
- La multitud removió dos estatus. Una fue “Forward”, una réplica de una representación alegórica de una figura femenina creada por el escultor Jean Pond Miner en 1893, ambas creadas y luego conservadas mediante contribuciones vía suscripción de mujeres de Wisconsin.
- La otra fue la de Hans Christian Heg, un abolicionista ferviente y miembro del Partido Tierra Libre (Free Soil Party) que ayudó a comandar una milicia dedicada a proteger a los esclavos que escapaban y que luego fue designado como el comandante fundador del único regimiento compuesto enteramente de estadounidenses escandinavos en las Fuerzas Armadas de la Unión. Heg reunió a los inmigrantes para unirse a la causa de la Unión y fue asesinado luchando contra los rebeldes en Chickamauga. La multitud, que se presentaba a sí misma como que si estuviese luchando contra el supremacía blanca y en nombre de los intereses de los afroamericanos, rodó la estatua de Heg por la calle y la lanzaron al Lago Monona; el cuerpo de la estatua pronto fue recuperada, pero su cabeza fue removida y al momento de escribir estas líneas sigue perdida.
- La multitud también atacó varios edificios públicos; alguien lanzó un cóctel Molotov hacia el edificio administrativo de la ciudad y el condado. “El portavoz de [Gobernador Tony] Evers y la alcaldesa de Madison Satya Rhodes-Conway no respondieron preguntas por la noche del martes acerca de la respuesta lenta de la fuerza policial”.
- Cuando el veterano Senador de la legislatura de Wisconsin (Demócrata en representación de Milwaukee), Tim Carpenter, se detuvo para tomar una foto de la multitud, fue atacado por lo que él estimó que eran 8 a 10 participantes que lo golpearon y patearon en la cabeza. Carpenter colapsó intentando de llegar al Capitolio pero se recuperó. Así como hay derecho a tomar fotos de lo que la policía hace en las calles públicas sin que ellos te golpeen, también debería haber un derecho de tomar fotos de lo que hacen los manifestantes en las calles públicas sin que ellos te caigan a golpes.
No debería ser muy difícil distinguir entre las reuniones pacíficas y legales que buscan promover causas políticas, por un lado, y la destrucción de propiedad, los ataques, la intimidación, los saqueos, y la rebelión, por otro lado. Aún así en este momento particular, muchos parecen pensar que oponerse a lo segundo de alguna manera socava el fundamento sobre el cual se sostiene lo primero.
Los liberales se oponen a un sinnúmero de acciones por parte del Estado y sus oficiales, notablemente la policía, que violan los derechos individuales, que interfieren con la actividad pacífica y cooperativa, o que se apartan del imparcial Estado de Derecho. Solamente es justo reconocer que las acciones por parte de los grupos privados pueden cometer esos males también —cuando golpean a transeúntes como el Senador Carpenter, cuando rompen y destruyen las ventanas de las tiendas, cuando bloquean el tráfico en la autopista y rodean a conductores aterrorizados, cuando reemplazan un proceso público deliberativo acerca de si una estatua debería permanecer en su pedestal con una respuesta que no es más que la fuerza bruta.
Deberíamos ser igual de claros oponiéndonos a eso también.
Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (EE.UU.) el 29 de junio de 2020.