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27 de mayo de 2003

La crisis del sistema de seguridad social en EE.UU.

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por José Piñera

José Piñera fue el ministro del Trabajo y Previsión Social de Chile responsable de la reforma radical del sistema de pensiones en 1980 (www.josepinera.com), es co-presidente del Proyecto para la Privatización de la Seguridad Social del Cato Institute, y presidente del International Center for Pension Reform (www.pensionreform.org).

El capitán del barco ha avizorado el iceberg y ha hecho sonar la alarma. Otra nave espera de cerca, lista para escoltar a los pasajeros a la seguridad. La única interrogante es si la tripulación le permitirá a los pasajeros abandonar la nave a tiempo antes de que ésta se hunda.

En este caso, el barco es el USS Seguridad Social, y el capitán del barco es el presidente George W. Bush. Tal y como lo ha dejado claro la Comisión Presidencial para Fortalecer la Seguridad Social, el USS Seguridad Social se encuentra en curso de colisión con el iceberg de una población que envejece rápidamente. En una sociedad post-industrial como la estadounidense, cada día hay menos trabajadores cotizando al sistema de la Seguridad Social y más personas retiradas cuyos beneficios son pagados directamente por aquellos trabajadores en las planillas laborales. Se proyecta que en Estados Unidos el número de trabajadores por cada retirado caiga de 3.9 hoy en día a únicamente 2.2 en el 2030.

La parte visible del iceberg es la bancarrota inminente del sistema, actualmente prevista por los fideicomisarios de la Seguridad Social para el año 2017. La falla fatal del sistema es que actualmente el gobierno federal no invierte ningún porcentaje de los fondos para pago de beneficios futuros. En su lugar, el gobierno federal gasta cada centavo que recibe en los pensionados actuales—y en otros programas gubernamentales. A partir del 2017 los desembolsos del sistema empezarán a exceder los ingresos, y los políticos se verán forzados a escoger entre diferentes opciones desagradables: aumentar los impuestos, incrementar la deuda, o reducir los beneficios de los pensionados.

Pero la parte más peligrosa de cualquier iceberg es la porción que es invisible, oculta bajo el agua. Con la Seguridad Social, el peligro más grande es que el sistema ya es un mal negocio para los pensionados actuales, y será aún peor para las futuras generaciones de trabajadores. Para los empleados de la Generación X y más allá, los retornos de las cotizaciones retenidas podrían ser de hecho negativos—lo que significa que un trabajador estaría mejor invirtiendo sus contribuciones en una cuenta de ahorros en el banco de la esquina con una tasa de interés del uno o dos por ciento.

Peor aún, la Seguridad Social convierte al gobierno en el portero de la seguridad de retiro individual, tomando algo que es privado e intimo—cómo los individuos planean sus futuros—y sujetándolo a todo tipo de decisiones políticas. En términos estrictamente morales, el sistema es fraudulento: si administradores privados trataran de manejar este tipo de esquema de pirámide, serían enjuiciados y enviados a la cárcel.

Yo conozco sobre los peligros que enfrenta la Seguridad Social porque fui ministro de Trabajo en Chile hace 22 años cuando ese país atravesó una crisis similar. En 1981, a los trabajadores chilenos se les dio la oportunidad de permanecer en el sistema público o invertir sus cotizaciones en cuentas de retiro personales. Tan sólo en el primer mes, el 25% de los trabajadores optó por el nuevo sistema. Hoy en día, el 95% de los trabajadores utilizan el sistema privado. Como resultado, las tasas de ahorro e inversión en Chile han aumentado dramáticamente, y el crecimiento económico de largo plazo del país se ha duplicado. Gracias al incremento en el crecimiento económico, Chile tuvo la capacidad de pagar todos los beneficios prometidos a los pensionados bajo el viejo sistema.

En otras palabras, Chile transfirió exitosamente a sus pasajeros a un barco que es a prueba de iceberg. Durante la última década, mi misión ha sido la de recorrer el mundo mostrándole a las autoridades gubernamentales cómo salvar a sus países del terrible sistema público de pensiones.

Para su crédito, el presidente Bush ha sonado la alarma y le ha urgido a Estados Unidos empezar a movilizar a sus pasajeros a un nuevo barco. Desdichadamente, muchos de los miembros de la tripulación en el Congreso todavía no están abordo. Utilizando un viejo adagio, ellos ofrecen propuestas equivalentes a acomodar las sillas de la cubierta del Titanic.

Una de esas propuestas es la de permitirle al gobierno federal invertir los ingresos de las cotizaciones en el mercado de valores. Pero como escribió el Wall Street Journal sobre la experiencia del fondo estatal de pensiones de California, la asignación política de recursos es una receta para "malos desempeños, flujo de influencias y una pésima administración de empresas." Peor aún, tales propuestas dejarían el futuro de los pensionados en manos de los políticos y burócratas.

En cambio, el Congreso debería permitirle a los trabajadores estadounidenses escapar del barco de la Seguridad Social que se hunde al poner parte o todas sus cotizaciones en cuentas de retiro privadas. Al darle a los trabajadores el poder y la libertad de controlar sus propios destinos, Estados Unidos puede proveerle a su gente una verdadera seguridad de retiro.