Botswana y Zimababwe: La relación económica entre libertad económica y prosperidad

Por Juan Ramón Rallo

Botswana es un país situado al sur de África, justo al lado de Zimbabwe. Desde 1995 su Índice de Libertad Económica (Heritage Foundation) se ha incrementado desde 55,1 hasta el 70,3 en 2006; correlativamente su renta per cápita ha aumentado de 5.579 a 11.561 dólares. Este cambio supone una tasa de crecimiento anual media del 8,3%, cifra que supera de lejos a la mayoría de los países desarrollados.

Como vemos en el siguiente gráfico, existe una fuerte correlación entre libertad económica y renta per cápita: a más libertad, más renta per capita.

Botswana es uno de los escasísimos éxitos africanos. Su estatus político es bastante similar al de otros países occidentales; en el Índice de Libertad Económica de 2006 Austria obtenía 71,3, España 70,9, Suecia 72,6 y Francia e Italia incluso calificaron por debajo con 66,1 y 63,4 respectivamente.

La principal razón de este buen resultado la encontramos en su creciente respeto por los derechos de propiedad, como queda ilustrado en tres campos: expropiaciones, impuestos y los mercados financieros:

  • Expropiación: La expropiación es el ataque más visible a la propiedad privada en la medida en que la sustrae directamente a su legítimo propietario. Por fortuna, la constitución de Botswana prohíbe la nacionalización de la propiedad privada y de hecho nunca ha habido un episodio de expropiaciones masivas.
  • Impuestos: Los impuestos son un tipo de expropiación que erosiona los ingresos o la riqueza de los individuos. Botswana tiene impuestos muy reducidos. El impuesto de sociedades es del 25% (si bien las compañías registradas con servicios financieros internacionales pagan sólo el 15%), el tipo máximo del impuesto sobre la renta es del 25% y el tipo máximo de impuestos sobre el capital es del 25% para empresas y del 5% para el resto de individuos. Además, existe una exención total del impuesto sobre ventas en la importación de bienes de equipo destinados a producir bienes para la exportación.
  • Mercados financieros: Los mercados financieros son la parte fundamental de la economía, dado que en ellos los individuos intercambios sus derechos de propiedad y buscan el crédito necesario para implementar sus planes empresariales. Botswana abolió los controles de cambio en 1999 y no existe limitación alguna a la inversión extranjera en numerosos sectores. Con todo, sí existe desde 1996 limitación de la inversión en determinados sectores (como mobiliario escolar o los servicios de soldadura y albañilería), lo que constituye uno de los puntos más oscuros de la economía de Botswana. Estos sectores específicos están total o parcialmente reservados a la inversión doméstica, si bien los negocios extranjeros que ya participaban en estas actividades no han sido expropiados.

Otras carencias de la economía de Botswana son la inflación (alrededor del 8%), que dificulta la acumulación de capital, y el complicado proceso para crear una empresa (108 días y un gasto en trámites de alrededor de 1.200 dólares), lo que restringe la función empresarial.

No hay duda de que Botswana podría hacerlo mucho mejor, pero aun así supone un oasis de libertad en África.

A pesar de ser el vecino de Botswana, los resultados económicos de Zimbabwe han sido totalmente diferentes. Robert Mugabe ha eliminado virtualmente cualquier libertad en el país para permanecer en el poder.

Cuando Mugabe fue nombrado presidente, Botswana y Zimbabwe tenían la misma renta per capita (alrededor de 1.600 dólares). Hoy la renta per capita de Zimbabwe es sólo de 2.576, lo que supone un crecimiento medio anual del 1,8% en más de 25 años.

Los datos, sin embargo, pueden llevar a confusión. Si sólo tomamos, por ejemplo, el período entre 1995 y 2006, Zimbabwe ha sufrido un decrecimiento en su renta per capita del 0,5% anual, lo que coincide con el descenso del Índice de Libertad Económica desde 47,8 a 34.

Si observamos el mismo gráfico que en el caso de Botswana vemos cómo la fuerte correlación entre libertad económica y creación de riqueza se mantiene: en el caso de Zimbabwe a menor libertad, menos riqueza.

Diversos factores explican esta experiencia empobrecedora, pero podemos resumirlos en el régimen de expropiaciones, la libertad contractual y la libertad financiera:

  • Expropiaciones: La reforma de la Ley de Adquisición de la Tierra en 1992 permitió al gobierno expropiar tierras pagando lo que fue descrito como una "compensación justa". En 2004, sin embargo, la constitución fue enmendada para permitir al gobierno expropiar tierras sin ningún tipo de compensación, lo que condujo a la nacionalización de todas las granjas de Zimbabwe en el mes de septiembre. Desde entonces la productividad de la agricultura ha caído dramáticamente y apenas permite alimentar a la mitad de la población.
  • Libertad contractual: La libertad de contratos es necesaria para alcanzar acuerdos creíbles y para permitir la cooperación mediante la división del trabajo. Contratar y despedir a un trabajador es una de las más importantes manifestaciones de esta libertad. Sin un mercado de trabajo libre, los individuos no pueden ser reasignados a aquellas ocupaciones donde son más necesarios para crear riqueza. En Zimbabwe casi no existe mercado formal de trabajo; el desempleo alcanza el 80%, lo que significa que no existen relaciones contractuales formalizadas según las regulaciones del gobierno. El motivo principal son los excesivos costes de despido que suponen unas 466 semanas de salario.
  • Libertad financiera: La inflación erosiona la acumulación de capital y la creación de riqueza, ya que la gente carece de incentivos para ahorrar e invertir. Generalmente las hiperinflaciones provocan que la gente saque su riqueza del país, lo que aun empobrece más a la sociedad. La inflación media en Zimbabwe entre 2003 y 2005 ha sido del 276% anual, pero sólo en 2006 ya alcanzó el 1.000%.

    Estos incrementos de los precios han conducido a que el gobierno establezca controles de precios en sectores como el de las semillas agrarias, el pan o los fertilizantes, haciendo que la inversión en esos negocios no sea rentable.

    Y a pesar de que el tipo de cambio se ha devaluado en varias ocasiones (desde 10 dólares de Zimbabwe por un dólar estadounidense hasta 250.000 dólares de Zimbabwe por dólar estadounidense) se encuentra aun por debajo del tipo al que se intercambia en el mercado (1.500.000 dólares de Zimbabwe por dólar estadounidense), lo que ha llevado a imponer controles de cambios, que han congelado las inversiones en el interior del país en un momento donde, debido a la hiperinflación, los propietarios querían sacarlas de allí. Pero una vez los capitalistas internacionales son conscientes de la situación, toda la potencial inversión extranjera nueva desaparece.

    Si bien, en cualquier caso, la inversión extranjera para cualquier proyecto estaba limitada al 40% de la propiedad total, lo cual limitaba enormemente el acceso de capital de la sociedad.

Zimbabwe es un claro ejemplo de cómo las malas políticas económicas conducen a la pobreza. Los economistas clásicos distinguían entre tres factores de producción: tierra, trabajo y capital. Creían que la cooperación y la coordinación entre ellos resultaba necesaria para crear riqueza.

Pues bien, en Zimbabwe, tal y como hemos visto, esta colaboración es imposible. Los tres mercados para los tres factores están distorsionados por las políticas gubernamentales: la tierra ha sido expropiada, los contratos de trabajo se han vuelto prohibitivos por la regulación y se ha minado la acumulación de capital mediante la inflación y las restricciones en los mercados financieros.

No ha sido casualidad que Zimbabwe no haya creado riqueza alguna en más de 25 años.

Zimbabwe y Botswana son países vecinos. Los dos disponían en 1980 de la misma renta per capita. Sin embargo hoy Botswana es casi seis veces más rica que Zimbabwe y, lo que es más importante, resulta previsible que los habitantes de Botswana sigan siendo los que lideren la creación de riqueza en el futuro.

Este tremendo contraste debería haber llevado a los economistas a realizar algún tipo de juicio crítico en la medida en que sólo es un problema económico. Ningún argumento social o racional puede explicar esta enorme divergencia.

En la medida en que el intervencionismo en sus diversas formas (expropiaciones, impuestos, inflación o regulaciones) ataque la libertad y la propiedad privada, se perturbará la división del trabajo, el comercio y la acumulación de capital.

Botswana es un país mucho más respetuoso que Zimbabwe con la propiedad privada. Sólo hemos de fijarnos comparar sus posiciones frente a las expropiaciones, la inflación, los impuestos o los mercados financieros.

El Índice de Libertad Económica trata de resumir en un solo número la libertad económica existente en un país y en este resultado los resultados son categóricos: en 2007 Botswana ha obtenido 68,4 puntos sobre 100 y Zimbabwe 35,8. Pero si en lugar de quedarnos con el dato concreto analizamos una por una las distintas libertad, el contraste es aun más escandaloso.

La teoría y los datos son suficientemente claros como para llegar a conclusiones sólidas entre prosperidad y libertad. Por desgracia, esta no es una cuestión puramente académica, sino que afecta a la vida, el bienestar y la libertad de millones de personas. Pasar por alto toda esta evidencia sería muy irresponsable, tal y como muestra la historia de Botswana y Zimbabwe.

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